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Enfriar la casa calienta el planeta

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altAunque acaban de dar lo mejor de sí en #Río2016, decenas de deportistas de todo el mundo están usando su imagen pública para evitar que se rompa un récord. La campaña #Sports4Climate (Deportes por el clima) ha logrado incorporar a numerosos atletas para generar conciencia y evitar que el aumento de la temperatura global promedio sea superior a 1,5 grados centígrados.

La cifra se desprende de las metas establecidas en el Acuerdo de París de abril de 2016 que rompió, a su vez, otro récord: el de ser el primer instrumento internacional que ha sido firmado por más países en un solo día.

Además de los gobiernos, las organizaciones internacionales y las grandes estrellas del deporte, los ciudadanos de a pie también podemos contribuir a cuidar los recursos naturales y evitar el calentamiento global. Por ejemplo, apagando luces y desenchufando electrodomésticos que no se usan, con focos de bajo consumo y haciendo uso racional del aire acondicionado.

La realidad, sin embargo, es que nos enfrentamos a climas cada vez más extremos y la buena intención de proteger el ambiente se choca con la dura realidad de que este julio fue, para el hemisferio norte, el mes más caluroso registrado en la historia, precedido por el mismo mes en 2015.

¿Pero por qué algo que nos brinda tanto alivio puertas adentro estaría al mismo tiempo deteriorando el clima puertas afuera?

Mientras que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) contribuyen al efecto invernadero y a un clima más caluroso, son cada vez más quienes prendemos el aire acondicionado y paradójicamente, sus componentes refrigerantes tienen efectos devastadores para el planeta, volviéndolo un círculo vicioso.

No es lo mismo

Aunque los nombres no sean fáciles de pronunciar, la explicación es sencilla.

El Protocolo de Montreal instó a los países a reducir la producción y el consumo de numerosas sustancias responsables del agotamiento de la capa de ozono. Entre ellas, se encontraban los clorofluorocarbonos (CFC), una familia de compuestos formados por átomos de carbono, flúor y cloro que funcionaban muy eficazmente como refrigerantes en heladeras comerciales y por supuesto, aires acondicionados.

“Sin la existencia del acuerdo y los 25 años en que se han tomado medidas para detener la producción y el consumo humano de sustancias químicas dañinas, el mundo estaría hoy enfrentando condiciones climáticas mucho peores. En general, los logros en la reducción gradual de los CFC han sido equivalentes a 8.000 millones de toneladas de CO2 anuales”, explica Karin Shepardson, gerente del programa de cambio climático del Banco Mundial. Y los países latinoamericanos más afectados lograron importantes avances en reducir su consumo hasta llevarlo prácticamente a cero.

Pero los hidrofluorocarbonos (HFC), las sustancias químicas elegidas para reemplazar a algunos CFC, son también poderosos gases que contribuyen al efecto invernadero. “Lo que es peor, su uso va en aumento en el mundo, ya que son considerados como los mejores sustitutos de los productos químicos usados en los sistemas de aire acondicionado y refrigeración”, agrega Shepardson.

Según explica la experta, los HFC tienden a permanecer en la atmósfera por un periodo más corto que otros gases que provocan el efecto invernadero, haciendo posible revertir su impacto en el aumento de la temperatura durante el transcurso de una generación.

Por el contrario, mientras más tiempo permanezca el CO2 en la atmósfera nos demoraremos más en observar el impacto de la eliminación del gas, por lo que los resultados tangibles serían vistos solo en dos generaciones.

Sin embargo, un estudio pionero proyectó que las temperaturas mundiales podrían revertirse hasta en 0,5 grados centígrados si se elimina por completo el uso de los HFC. “Necesitamos cada décima de grado posible”, resume Shepardson.

Frente a esto, el Banco Mundial está trabajando con varios países para determinar dónde se pueden adoptar reducciones y en qué lugares se pueden disminuir los HFC a medida que las tecnologías estén disponibles y sean asequibles y seguras.

Otros electrodomésticos en la mira

No solo se trata de las poderosas sustancias refrigerantes que contribuyen a elevar la temperatura del planeta. Un uso eficiente de la energía y de todos los electrodomésticos podría reducir casi 3/4 las emisiones de carbono para el 2020, lo cual ayudaría a largo plazo a evitar el incremento de la temperatura promedio.

Para lograrlo, existen numerosas iniciativas a lo largo de América Latina y el Caribe. Argentina, por ejemplo, implementó un sistema obligatorio de etiquetado de eficiencia energética para electrodomésticos, prohibió la comercialización de lámparas incandescentes y promovió el recambio por lámparas de bajo consumo.

En Uruguay, se lleva adelante el Plan Nacional de Eficiencia Energética 2015-2024 que contempla campañas para generar un cambio cultural que repercuta en los hábitos de consumo, además de instrumentos financieros que faciliten la implementación de medidas de eficiencia energética y la incorporación de más equipos al Sistema Nacional de Etiquetado de Eficiencia Energética.

Por su parte, México marcó un hito en cuanto a eficiencia energética con la distribución gratuita de casi 23 millones de bombillas de bajo consumo. En total, más de 5,5 millones de familias mexicanas usan ahora bombillas que consumen solo el 20% de electricidad en comparación con una lámpara tradicional, y tienen una duración 10 veces superior.

 

Fuente: www.bancomundial.org